por Sugel Michelén | 19 mayo, 2010

 

Pablo dice en 1Tim. 2:9: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia”.

 

Lo primero que Pablo reconoce aquí es el deseo legítimo de las mujeres de adornarse. La frase “que se atavíen de ropa decorosa”, puede ser traducida literalmente: “que se adornen con una ropa adornada”.

 

Las dos palabras que Pablo usa en el texto, y que RV traduce como atavío y decoro, proceden de la misma raíz: kosmos y kosmeo, de dónde proviene nuestra palabra “cosmético”. La palabra kosmos significa “orden, arreglo o sistema”. Lo contrario de kosmos es caos.

 

De manera que lejos de reprimir ese deseo natural de las mujeres a arreglarse, Pablo lo pone más bien en perspectiva. “Adórnense, pero como mujeres piadosas, mujeres que le temen a Dios y que desean agradarle a Él y reflejar Su carácter por encima de todas las cosas”.

 

Una mujer de Dios no debe parecer un caos, sino que debe estar arreglada y en orden. Su arreglo personal debe reflejar al Dios de orden que ella adora. Ahora bien, ese arreglo personal debe poseer dos características fundamentales.

 

A. La mujer debe vestirse con pudor:

 

La palabra griega que Pablo usa aquí conlleva tanto la idea de modestia como de humildad. Significa literalmente “sentido de vergüenza”. Una mujer piadosa debería sentirse avergonzada y culpable si por causa de su vestimenta alguien es distraído en su adoración a Dios o llevado a tener pensamientos impuros.

 

La modestia es todo lo opuesto a la arrogancia y al deseo de llamar la atención. Cuando esta mujer se viste ella está delante de Dios, no delante de los hombres. Por eso la modestia evita el exceso y la sensualidad. Como alguien ha dicho: “el vestido de esta mujer no dice: sexo, orgullo, dinero, sino mas bien pureza, humildad, moderación” (Pollard; pg. 6).

 

Lo que Pablo está diciendo, entonces, es que la ropa de una mujer cristiana debe estar en perfecta consonancia con su profesión de fe. Una mujer que ama a Jesucristo no trata de causar furor con su vestido. Su principal interés es mostrar el carácter de nuestro Dios y Padre en todo cuanto hace y en todo cuanto usa.

 

Si te vistes para la gloria de Dios, tu vestimenta revelará pureza y castidad. En vez de mostrar las formas de tu cuerpo para provocar a otros, vas a cubrirlo adecuadamente porque no quieres ni pensar que por causa de un capricho tuyo un hombre sea llevado a pecar contra el Dios al que tú dices amar, adorar y servir.

 

De más está decir que ese no es el pensamiento del mundo en cuanto a este asunto. La industria de la moda no cree que el principal propósito de la ropa sea cubrir el cuerpo, sino más bien atraer las miradas de los hombres sobre ti; pero eso es exactamente a lo que se opone la modestia cristiana.

 

La mayoría de la moda hoy día es diseñada para provocar una atracción sexual. Se usan telas que se pegan al cuerpo para revelar sus formas, y son cuidadosamente diseñados para resaltar ciertas partes que son cubiertas de tal manera que provoquen el deseo de ver más.

 

En un libro secular sobre la moda titulado “Hombres y mujeres” escrito por Claudia Kidwell y Valerie Steele, dice que “la ropa es especialmente sexy cuando llama la atención al cuerpo desnudo que está debajo”. Por eso mientras más corto y ajustado mejor.

 

Y en eso debemos reconocer con pena que los impíos son más honestos que muchos cristianos. Ellos nos dicen francamente lo que muchos creyentes no se atreven a decir: “Nos vestimos así para provocar, para llamar la atención sobre nuestra figura, para que puedas tener una idea clara de mis formas”.

 

Como decía en un anuncio sobre trajes de baño: “Es glamoroso… es exótico… definitivamente esto no tiene que ver con nadar”. ¡Por supuesto que no tiene que ver con nadar! Esto tiene que ver con la sensualidad y la provocación.

 

Las formas del cuerpo del hombre y de la mujer no son pecaminosas; el cuerpo fue diseñado por un Dios bueno y santo, que luego de hacerlo lo declaró bueno y santo.

 

Pero el hombre pecó y se corrompió y por esa causa el cuerpo descubierto de una mujer es como un barril de pólvora que pasa en medio de candelabros encendidos. Es por eso que nuestro Señor y Salvador nos advierte con tanta fuerza que tengamos cuidado con lo que ven nuestros ojos:

 

“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al gehena” (Mt. 5:27-29).

 

Para el hombre es un problema ver a una mujer vestida en una forma reveladora e insinuante. Si la codicia, dice Cristo, ya adulteró con ella en su corazón; y la mujer que provocó tal pensamiento por llevar una falda demasiado corta, o un pantalón ajustado, o una blusa ceñida al pecho que revela claramente sus formas, esa mujer tendrá que darle cuenta a Dios en el día del juicio.

 

Por eso decía Thomas Brooks, que la mujer debe vestirse con el vestido “que le gustaría llevar el día de su muerte… con el que quisiera aparecer delante del Anciano de días… con el que le gustaría presentarse en el día del juicio” (cit. por Pollard; pg. 40).

 

Mírate, mujer creyente, y mira a tus hijas cómo visten usualmente, y pregúntate si pasan esta prueba. ¿Es así cómo te gustaría estar vestida en el día que te presentes delante de Dios para dar cuentas? ¿Es así como te gustaría que tus hijas estén vestidas en aquel solemne día?

 

Yo no estoy diciendo, ni es lo que Brooks está implicando, que al morir nos presentaremos delante de Dios con la ropa que llevemos puesta. Ese no es el punto. Pero ciertamente nos presentaremos delante de Él y daremos cuenta. ¿Puedes tú responder a Dios por la ropa que usas, por la que tienes puesta en este mismo momento, por la que usaste esta semana?

 

Escucha lo que dice nuestro Señor acerca de aquellos que ponen tropiezo a otros: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! (Mt. 18:6-7).

 

Un vestido ajustado que revela claramente las formas del cuerpo, o demasiado corto como para cubrir lo que debe ser cubierto no es algo neutral. Eso es pecaminoso porque violenta la santidad de Dios y la modestia que estamos llamados a exhibir como hijos de Dios.

 

Y que nadie nos acuse de legalistas por decir esto. Urgir a los creyentes a cubrir su cuerpo no es legalismo, porque la modestia es un mandamiento escritural, un mandamiento que muchos parecen estar olvidando. Cada vez se nota menos la diferencia entre nosotros y los paganos que no conocen a Dios.

 

¿Es tu vestimenta un reflejo de la humildad y castidad que debe caracterizar a un creyente? Cristo nuestro Salvador, derramó Su preciosa sangre en la cruz para comprar tu alma y tu cuerpo, y el Espíritu de Dios ha venido a hacer morada en ti. ¿Sabes qué debes hacer ahora a la luz de esa realidad? Dedicarte en cuerpo y alma a perseguir la gloria de Dios en todas las áreas de tu vida.

 

Dice Pablo en 1Cor. 6:19-20: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

 

¿Te vistes como es apropiado vestir al templo del Espíritu Santo? ¿Es tu vestido un reflejo claro del carácter santo y puro de Dios?

 

Pero la mujer no solo debe vestirse con pudor, sino también, en segundo lugar…

 

B. La mujer debe vestirse con buen juicio:

 

Ese es el significado de la palabra que RV traduce como “modestia” en 1Tim. 2:9. También podemos traducirla como “auto control”, “sentido común” o “pureza mental”.

 

Se trata de una mujer juiciosa que no se deja llevar por sus impulsos. Cuando se viste lo hace en una forma discreta y apropiada: apropiada para su edad, para su situación económica y para su época.

 

En cuanto a esto último dice Richard Baxter: “Es siempre legítimo seguir la moda sobria de la gente sobria; pero no es legítimo seguir la moda vana, inmodesta y enfermiza de los rebeldes, desenfrenados, orgullosos y disolutos” (Christian Directory; pg. 393).

 

Así que debemos vestirnos con pudor y buen juicio. Y digo “debemos” porque aunque Pablo se está refiriendo en este texto a las mujeres de manera particular, el espíritu general de la Escritura nos permite aplicar estos principios a los hombres también.

 

Que Dios nos ayude a glorificarle en todo cuanto hacemos, incluyendo la forma como nos vestimos. Nuestra vestimenta dice mucho de la realidad de nuestro corazón.

 

NOTA: © Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

 

El apóstol Pedro indicó sobre la vestimenta adecuada diciendo: "Vuestro atavío no sea el exterior, de trenzado de cabellos y atavíos de oro, o de uso de vestidos lujosos" (1 Ped. 3:3 BTX4ª).Si somos razonables, se nos hará más fácil respetar las opiniones de los demás. Por ejemplo, a algunas hermanas les gusta maquillarse, pero a otras no; a algunas prefieren utilizar los pantalones de vestir en vez de faldas para realizar los cultos. A algunos creyentes les parece bien tomar alcohol con moderación, pero otros prefieren no beber en absoluto. Todos los creyentes queremos tener buena salud, pero elegimos diferentes maneras de cuidar nuestros cuerpos. Si creemos que nuestra opinión siempre es la mejor y tratamos de convencer a los demás de que hagan lo mismo que nosotros, podríamos hacer tropezar a otros y causar divisiones en la kehila-hogar (1 Cor. 8:9; 10:23, 24). Por ejemplo, en lugar de darnos normas estrictas sobre cómo vestir, YHVH nos ha dado principios que nos sirven de guía. Nuestra manera de vestir debe honrar al Elohím y demostrar que somos personas razonables y que tenemos “...sensatez y decencia..." (1Ti 2:9,10 BTX4ª). Por lo tanto, no queremos que nuestra ropa sea el centro de atención. Los principios bíblicos también pueden ayudar a los presbíteros a no poner sus propias reglas sobre la ropa y los peinados.

 

En algunas iglesias las normas de como vestir han cambiado y otras han preferido quedar un tanto anticuadas. 

 

En la kehilah-hogar nazarena del amor no tenemos reglas rígidas en cuanto a vestimenta. Al culto se puede asistir con pantalón de vestir como con falda. Sin embargo, hay excepciones donde los cuerpos son completamente desnudos, como puede ser el Bautismo Nazareno, los lavamientos corporales antes del Avivamiento de Fecundación y otros lavamientos rituales.

 

Sin embargo, haríamos bien en saber como se han modernizado algunas, como por ejemplo las iglesias tipo SUD, no para copiarlas enteramente, sino para ver ciertas ventajas asociadas.

 

El ajuste a las normas de vestimenta, que surte efecto de inmediato, fue aprobado por La Primera Presidencia y está principalmente motivado por preocupaciones de seguridad, dijo el  Elder Dieter R. Uchtdorf, miembro del Quórum de Los 12 Apóstoles y Presidente del Consejo Ejecutivo Misional.

 

"El ajuste al vesitimienta y areglo personal misional ha cambiado sobre el tiempo desde el comienzo de la restauración del evangelio de Jesucristo en 1830 y continuarán haciéndolo en el futuro", dijo el Élder Uchtdorf. "En adaptar estas normas, siempre consideramos cuidadosamente la dignidad del llamamiento misional para representar a Jesucristo, la seguridad y la salud de nuestros amados misioneros, y las sensibilidades culturales de los lugares donde sirven".

 

La hermana Bonnie H. Cordon, Presidenta General de las mujeres jóvenes y miembro del Consejo Ejecutivo Misional, elaboró sobre los cambios para las hernanas misioneras.

 

"Hay muchas enfermedades transmitidas por vectores debido a mosquitos y garrapatas y pulgas", dijo la hermana Cordon. "Esto ayuda a las hermanas a prevenir cualquiera de esas mordeduras o al menos las minimiza".

 

Las hermanas misioneras en aproximadamente la mitad de las misiones de la Iglesia anteriormente han estado usando pantalones de vestir durante las temporadas húmedas para ayudar a protegerlas de enfermedades virales transmitidas por mosquitos como la fiebre del dengue, chikungunya, y el Zika. Este último cambio permitirá que todos las hermanas misioneras a hacerlo durante todo el año, basándose en su propia discreción.

 

"Esto es verdaderamente opcional", dijo la hermana Cordon. "Las hermanas pueden usar vestidos, pueden usar pantalones, cualquier que les ayude en su servicio, al estar fuera entre la gente."

 

Las hermanas misioneras seguirán vistiéndose en faldas y vestidos cuando asistan al templo y durante los servicios de adoración dominical, liderazgo misional y conferencias de zona, y servicios bautismales.

 

Además de los problemas de seguridad, la hermana Cordon dijo que el cambio ayudará a las hermanas misioneras que sirven en climas fríos para mantenerse cómodas. Usar pantalones de vestir también hará que sea más fácil para las hermanas misioneras montar en bicicleta.

 

"Las hermanas misioneras son gente asombrosa", dijo la hermana Cordon. "Queremos asegurarnos de que estén protegidas".

 

Los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días sirven como voluntarios a su propio cargo. Los hombres jóvenes de 18 a 25 años de edad sirven durante 2 años, mientras que las mujeres jóvenes de 19 a 39 de edad sirven durante 18 meses. Los misioneros mayores generalmente sirven desde 6 meses hasta 2 años.

 

Los detalles de las pautas revisadas del vestimenta y arreglo personal misional se pueden encontrar en línea.

 


  • PRENDAS ÍNTIMAS SUD
    Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días usan una prenda interior especial llamada 
    gárment del templo.

     

    Esta prenda blanca y sencilla se usa como recordatorio de los convenios hechos en el templo y para quienes han recibido la investidura. Se usa bajo la ropa normal, simbolizando una conexión con los pactos hechos y una protección espiritual contra el mal. 

  • Propósito: Es un recordatorio simbólico de los convenios hechos en el templo.
  • Simbolismo: Se considera una fuente de protección espiritual contra el mal del mundo.
  • Requisito: Para usarla, un miembro debe haber participado en la ceremonia de investidura del templo.
  • Uso: Se usa debajo de la ropa habitual, día y noche, por el resto de la vida del miembro.
  • Diseño: Es una prenda interior modesta, a menudo blanca. El diseño específico varía según el género y se usa debajo de la ropa diaria normal.

Los creyentes nazarenos no disponemos de ninguna prenda interior especial como sudede en los SUD, sin embargo, si hay una túnica blanca semejante a un camisón o un albornoz blanco que se pone al final del bautismo para cubrir el cuerpo desnudo recien sumergido en el agua.

 

Es bien sabido que en los primeros siglos de la iglesia-hogar nazarena, hombres y mujeres (separados por género) eran bautizados completamente desnudos, dejando de lado simbólicamente su antiguo modo de vida antes de entrar en la fuente bautismal. Luego, después de salir de la fuente, los recién bautizados recibían una prenda blanca, simbolizando su nuevo nacimiento en Cristo. (VER BAUTISMOS)

 

Sí, si puede. La lencería es una categoría de ropa femenina que incluye la ropa interior y la ropa de noche. Ahora bien, no se suele pensar que la lencería incluya batas de dormir de franela y prendas térmicas para el cuerpo. La palabra lencería connota la ropa íntima con adornos, encajes y otros elementos que se usan para el placer sexual de la pareja. Ya que muchas piezas de lencería están diseñadas para provocar una respuesta sexual, ¿debe una esposa creyente usar ese tipo de lencería para su marido?

Cuando consideramos las decisiones íntimas entre marido y mujer, debemos tener siempre presente la instrucción bíblica de 1 Corintios 7:3-5, que recuerda a los cónyuges que sus cuerpos se pertenecen mutuamente. El hecho de que una esposa lleve lencería  para su marido está ciertamente dentro del ámbito de la libertad mesiánica nazarena, y no hay nada malo en que una esposa lleve voluntariamente dicha lencería para su disfrute.

Sin embargo, el hecho de que una mujer use lencería sexy para su marido puede llevarse demasiado lejos. Un marido lujurioso y egoísta puede insistir a su mujer para que desempeñe roles degradantes para su propia satisfacción y en formas que no son mutuamente placenteras. Hacer que una esposa se vista como una prostituta, insistir en que use ropa interior para degradarla, o presionarla para que finja roles que la hagan sentir incómoda, no es parte de la instrucción de Pablo para la sumisión de ambos. Los maridos y las esposas no deben avergonzarse de experimentar y disfrutar de la expresión sexual del otro de la manera que quieran; sin embargo, algunas esposas creyentes se sienten presionadas por sus maridos para comportarse en el dormitorio de maneras que les resultan repugnantes. Un esposo sabio y amoroso nunca usará la sumisión de su esposa como excusa para violar su conciencia. Si una esposa se pone ropa interior de lencería, debe ser porque tanto el marido como la esposa están de acuerdo con ello (Efesios 5:21).

A veces una esposa creyente justificará el uso de ropa provocativa o de temática sexual en público diciendo: "A mi marido le gusta". Sin embargo, lo que pudiera estar bien para una no lo es necesariamente para otra y creemos que sobran este tipo de comentarios públicos entre las hermanas o en otros ámbitos. Si su esposo no es el único hombre que la verá vestida de esa manera, entonces la modestia debe prevalecer (1 Timoteo 2:9). Una mujer que desea honrar al Señor con su cuerpo se vestirá y se comportará de forma que honre a su marido y al Señor (Proverbios 31:11-12).

YHVH haElohím inventó el sexo y lo designó como una acción de amor entre los cónyuges  (Génesis 2:22-25). No obstante, la humanidad rebelde lo ha despojado de su carácter sagrado y lo ha pervertido con una infinidad de pecados sexuales, algunos de los cuales son evidentes en ciertos estilos de lencería. Una pareja creyente que desea mantener la santidad de su unión conyugal guardará su corazón para no degradar lo que YHVH llama bueno. Si la lencería o ciertas acciones sexuales desafían la pureza del corazón de un esposo o esposa, dichas elecciones deben ser cambiadas como una forma de someterse amorosamente el uno al otro.

 

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