02-08-2025
¿Ha perdido usted a un ser querido en la muerte?
Hay pocas cosas que causen tanto estrés dolor y vacío como la muerte de un cónyuge, un familiar o un buen amigo.
Los especialistas en el duelo confirman este hecho. “la muerte es sin duda la pérdida más permanente y extrema que existe”. Al enfrentarse al terrible dolor que produce perder a un ser querido, alguien podría preguntarse: “¿Por cuánto tiempo me seguiré sintiendo así? ¿Volveré a ser feliz algún día? ¿Cómo puedo hallar consuelo?”.
Quienes están de duelo tal vez no sepan a lo que tendrán que enfrentarse tras la muerte de un ser querido. Sin embargo, hay ciertos sentimientos y desafíos que casi siempre aparecen. Veamos algunos:
Emociones descontroladas. Es frecuente que quien está de duelo llore, extrañe a la persona fallecida y tenga cambios repentinos de humor. Ciertos recuerdos y sueños pueden intensificar las emociones. La reacción inicial puede ser de confusión e incredulidad.
Un hermano explica cómo se sintió cuando su mujer murió de forma inesperada: “Me quedé paralizado. Al principio no podía ni llorar. Estaba tan angustiado que me costaba respirar. Simplemente, no podía creer lo que estaba pasando”.
Ataques de ansiedad, ira y sentimientos de culpabilidad. Un padre comenta: “Después de la muerte de nuestro joven hijo mi esposa y yo estuvimos muy enojados durante algún tiempo. Esto nos sorprendió, pues nunca habíamos pensado que tuviéramos mal carácter. También nos sentíamos culpables y nos preguntábamos si podíamos haber hecho algo más por nuestro hijo”.
Un hermano que perdió a su esposa tras una larga enfermedad, también tuvo sentimientos de culpa. Él dice: “Primero pensé que, si Dios me estaba dejando sufrir tanto, yo debía ser una mala persona. Después me sentí mal, como si le estuviera echando la culpa a Dios por lo ocurrido”.
Dificultad para pensar con claridad. Puede que haya momentos en que los pensamientos sean cambiantes o ilógicos. Por ejemplo, alguien de duelo tal vez imagine que oye, siente o ve al fallecido. O quizás le cueste concentrarse o recordar las cosas. Una hermana dice: “A veces estaba conversando con alguien y me daba cuenta de que mi mente estaba en otro lado. Le daba vueltas a todo lo relacionado con su muerte. No podía concentrarme, y eso me angustiaba”.
Deseo de aislarse. Quien ha perdido a un ser querido quizás se sienta molesto o incómodo en compañía de otros. Un hermano dice: “Cuando estaba con personas casadas, me sentía fuera de lugar. Pero me sentía igual cuando estaba con solteros”.
Una esposa que perdió a su compañero, recuerda: “Era muy difícil estar con personas que se quejaban de problemas que nos parecían de poca importancia comparados con el nuestro. Otros nos contaban lo bien que les iba a sus hijos. Me alegraba por ellos, pero al mismo tiempo se me hacía difícil escucharlos. Mi esposo y yo sabíamos que la vida sigue, pero sencillamente no teníamos ni ganas ni paciencia para enfrentarnos a todo eso”.
Problemas de salud. También es normal que se altere el apetito, el peso y el sueño. Un hermano relata lo que le pasó el primer año tras la muerte de su padre: “Tenía muchos problemas para dormir. Me despertaba todas las noches a la misma hora pensando en la muerte de mi padre”.
Otro recuerda que tenía problemas de salud sin causa aparente. Comenta: “Fui varias veces al médico para que me oscultara, y me aseguró que estaba sano. Sospeché que el duelo me estaba provocando ciertos malestares físicos”. Aunque esos malestares con el tiempo desaparecieron, el hermano hizo bien en ir al doctor. El duelo puede debilitar las defensas, agravar un problema de salud o generar uno nuevo.
Dificultad para atender tareas importantes. Un hermano explica: “Tras su muerte , tuvimos que comunicarles la noticia no solo a familiares y amigos, sino también a muchas otras personas de su trabajo y al dueño de su vivienda. Hubo que hacer muchos trámites legales. Además, tuvimos que encargarnos de los objetos personales. Todo eso requería mucho papeleo y una concentración que no teníamos, pues estábamos agotados mental, física y emocionalmente”.
Sin embargo, para algunas personas, el verdadero desafío viene después, cuando tienen que encargarse de cosas que antes atendía el fallecido.
Teniendo en cuenta los desafíos emocionales, mentales y físicos que acabamos de mencionar, quizás parezca casi imposible superar la muerte de un ser querido. Es cierto que el dolor puede ser muy intenso, pero saber de antemano los posibles desafíos puede ayudar a los que acaban de perder a un ser querido. Recuerde que no todas las personas experimentan todos los posibles efectos del duelo. Además, quienes han perdido a un ser querido pueden recibir cierto consuelo al saber que lo que sienten es normal.
Lo que puede esperar. El intenso dolor que ahora siente no durará para siempre; con el tiempo irá disminuyendo. Esto no quiere decir que uno se recupere por completo o que olvide a su ser querido. Sin embargo, poco a poco, ese intenso dolor se va reduciendo, aunque es posible que vuelva a surgir inesperadamente debido a algunos recuerdos o en ciertas fechas especiales. Pero, después de un tiempo, la mayoría de las personas alcanzan cierto grado de equilibrio emocional y pueden volver a concentrarse en sus actividades diarias. Para lograr esto, es muy importante contar con la ayuda de familiares y amigos, y dar los pasos necesarios para salir adelante.
¿Cuánto tiempo durará? Para algunos, lo peor pasará en unos meses. Muchos se empezarán a sentir mejor después de varios años. Y a otros les tomará más tiempo.
La clave en esto es tener mucha paciencia. Es mucho mejor ir día a día y a su ritmo. Recuerde que el dolor que siente no durará para siempre. Ahora bien, ¿hay algo que usted pueda hacer para aliviar el dolor y evitar que se prolongue demasiado?
El intenso dolor que produce la muerte de un ser querido es normal
a Unas pocas personas tal vez experimenten un dolor tan intenso y prolongado que las lleve a un estado llamado duelo complicado o crónico. Estas personas quizás necesiten ayuda de un profesional de la salud mental.
Si busca sugerencias para sobrellevar el duelo, encontrará miles, algunas más prácticas que otras. Quizás sea porque, como ya vimos, cada persona vive el duelo de un modo diferente. Por eso, lo que ayuda a una persona tal vez no ayude a otra.
Aun así, hay algunas sugerencias básicas que han resultado prácticas en muchos casos. Los especialistas en el duelo las citan con frecuencia, y reflejan la sabiduría eterna de un antiguo libro, la Biblia.
Algunos especialistas creen que este es el factor más importante para sobrellevar el duelo. Aun así, es posible que a veces usted quiera estar solo y quizás hasta se moleste con quienes intentan ayudarlo. Esto es normal.
No piense que siempre debe estar acompañado, pero tampoco se aísle. Es posible que más adelante necesite el apoyo de los demás. Dígales lo que necesita y lo que no, pero sea amable.
En función de sus necesidades, busque el equilibrio entre el tiempo que pasa acompañado y el que pasa a solas.
CONSEJO BÍBLICO: “Dos pueden más que uno, porque tienen mejor paga por su trabajo [...] Porque si caen, el uno levantará al otro; pero, ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá quien que lo levante. ” (Eclesiastés 4:9, 10 Biblia Textual 4ª).
Una alimentación equilibrada lo ayudará a sobrellevar el estrés que produce el duelo. Trate de comer frutas, verduras y proteínas con poca grasa.
Beba mucha agua y otras bebidas saludables.
Si no tiene mucho apetito, coma porciones pequeñas con más frecuencia. Pídale a su doctor que le recomiende suplementos alimenticios.
Las caminatas rápidas u otros ejercicios pueden ayudarlo a vencer las emociones negativas. Algunos aprovechan el tiempo que dedican al ejercicio para reflexionar en su pérdida y otros lo aprovechan para no pensar en ella.
CONSEJO BÍBLICO: “Nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida” (Efesios 5:29, Santa Biblia: Dios habla hoy).
Tenga cuidado con la cantidad de cafeína y alcohol que consume, ya que ambos pueden estorbar el sueño.
CONSEJO BÍBLICO: “Pero más vale un puñado con reposo que dos puñados con fatiga en atrapar vientos” (Eclesiastés 4:6 NBJ).
Para sobrellevar el duelo, a muchos los ayuda expresar su dolor, mientras que otros prefieren no hacerlo. Los especialistas tienen varias opiniones sobre la importancia de expresar los sentimientos durante el duelo. Si usted necesita hablar con alguien de cómo se siente pero se le hace difícil, ¿por qué no empieza poco a poco hablando con un amigo cercano?
Algunos necesitan llorar, pero otros sobrellevan el duelo sin apenas hacerlo.
CONSEJO BÍBLICO: “Cada corazón conoce sus propias amarguras” (Proverbios 14:10, Nueva Versión Internacional).
Cualquier aparente alivio es breve y tiene graves consecuencias. Busque formas que no sean destructivas para aliviar su angustia.
CONSEJO BÍBLICO: “purifiquémonos de todo lo que pueda manchar la carne o el espíritu, completando nuestra santificación en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1 Serafín de Ausejo ).
A muchos les ha resultado útil alternar momentos para expresar su dolor con pausas para realizar actividades que los ayuden a pensar en otra cosa.
Puede hallar cierto alivio si hace nuevos amigos o se acerca más a los que ya tiene, si aprende nuevas habilidades o si practica algún pasatiempo.
Poco a poco, es posible que sus prioridades cambien. Quizás se dé cuenta de que pasa menos tiempo expresando su duelo y más realizando otras actividades. Esto es una clara señal de que está superando el duelo.
CONSEJO BÍBLICO: “Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo. [...] Un tiempo para llorar y un tiempo para reír. Un tiempo para entristecerse y un tiempo para bailar.” (Eclesiastés 3:1, 4 NTV).
Vuelva a establecer una rutina normal lo antes posible.
Si se atiene a un horario para dormir, trabajar y realizar otras actividades, irá sintiendo que recupera cierto grado de normalidad.
Mantenerse ocupado con actividades que lo animen aliviará su dolor.
CONSEJO BÍBLICO: “Porque no se acordará mucho de los días de su vida, pues Dios llena su corazón de alegría.” (Eclesiastés 5:20 NRV).
Muchos toman decisiones importantes al poco tiempo de perder a un ser querido y después se arrepienten.
Si es posible, espere un tiempo razonable antes de cambiar de vivienda o de trabajo, o de deshacerse de las pertenencias de su ser querido.
CONSEJO BÍBLICO: “Los planes del diligente se hacen sólo para ganar; toda prisa imprudente produce sólo pérdida.” (Proverbios 21:5 VIN).
Tenga a mano fotografías y otros objetos, o anote en un cuaderno algunos momentos importantes. Esto puede ayudarlo a sobrellevar el duelo.
Guarde cosas que le traigan recuerdos agradables y véalas cuando sienta que está listo.
CONSEJO BÍBLICO: “Recuerda los días pasados” (Deuteronomio 32:7 NTV).
Piense en tomar unos días libres.
Incluso un pequeño cambio en su rutina puede ayudarlo a sobrellevar el duelo.
CONSEJO BÍBLICO: “Y les dice: Venid conmigo aparte, a un lugar solitario y tomad un poco de descanso, (pues eran muchos los que iban y venían y no les alcanzaba el tiempo ni para comer).” (Marcos 6:31 Código Real).
No olvide que al ayudar a los demás usted también se sentirá mejor.
Puede empezar ayudando a quienes también están tristes por la muerte de su ser querido, como a sus amigos o familiares. Ellos quizás necesiten a alguien con quien compartir su dolor.
Apoyar y consolar a otros puede ayudarlo a recuperar la alegría y a sentir que su vida sigue teniendo propósito.
CONSEJO BÍBLICO: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hechos 20:35).
El duelo puede darle una nueva perspectiva de lo que de verdad importa.
Aproveche la oportunidad para analizar cómo está usando su vida.
Según sea necesario, haga cambios en sus prioridades.
CONSEJO BÍBLICO: “Más vale ir a la casa
en duelo que a la casa en fiesta,
pues ése es el fin de todo hombre; y así el que vive pensará en ello.” (Eclesiastés 7:2 NBJ).
Para ser realistas, nada eliminará totalmente su dolor. Sin embargo, muchos de los que han perdido a un ser querido confirman que hacer cosas positivas como las que se mencionan en este tema los ayudó a obtener consuelo. Por supuesto, estas sugerencias no son las únicas que existen para aliviar su dolor. Pero, si las pone en práctica, comprobará que pueden aportarle cierto grado de alivio.
En la Biblia no solo encontramos guía confiable. También nos proporciona información que no podemos hallar en ningún otro lugar y que ofrece un inmenso consuelo a quienes están de duelo.
La garantía de que nuestros seres queridos que han muerto no están sufriendo.
En Eclesiastés 9:5, la Biblia dice que los muertos: "pero los muertos nada saben...". Sus pensamientos se acaban (Salmo 146:4). Por eso, Yeshúa compara la muerte al sueño profundo (Juan 11:11).
El consuelo de tener fe en un Elohím y Padre Eterno que nos ama.
La Biblia afirma: “Los ojos de Yahvé sobre los justos, sus oídos escuchan sus gritos” (Salmo 34:16 NBJ). Orar a Dios para expresarle nuestros sentimientos es más que una buena terapia o una manera de organizar nuestros pensamientos. En realidad, nos ayuda a establecer una relación personal con nuestro Creador, que puede usar su poder para consolarnos.
La promesa de un futuro mejor.
La Biblia habla muchas veces del día en el que los muertos volverán a vivir. Por ejemplo, al describir cómo será la vida en la Tierra en el futuro, dice que Dios: “Y oí una voz fuerte desde el Trono decir: He aquí, el Tabernáculo del Elohím con la humanidad. Y habitará con ellos. Y ellos serán Su pueblo. Y YHVH
estará con ellos como su Elohim.Y borrará YHVH toda lágrima de sus
ojos Y ya no habrá muerte, Ni lamento, ni clamor, ni dolor, Porque lo primero ya pasó ” (Apocalipsis 21:3, 4 TIRY)
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría.
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído,
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo,
Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
No se turbe vuestro corazón; ... porque yo vivo, vosotros también viviréis. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda; Oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros. Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones. a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia;
Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.
Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
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