A petoición de la hna. Angélica L.
08-09-2024
¿Debería hacerme un tatuaje?
“Algunos tatuajes son muy lindos. Son una obra de arte en tu cuerpo.”—Jalene.
“Soñé durante dos años con hacerme un tatuaje.”—Michelle.
TODO el mundo lleva tatuajes, o al menos eso parece. Presumen de ellos tanto estrellas de cine como famosos roqueros, deportistas y modelos. Muchos adolescentes han seguido su ejemplo y exhiben con orgullo sus hombros, manos, muñecas o tobillos tatuados. Andrew afirma: “Los tatuajes son alucinantes. Hacértelos o no es cosa tuya”.
La World Book Encyclopedia señala: “Tatuar consiste en hacer grabados permanentes en el cuerpo practicando pequeños orificios en la piel con un palillo, una aguja o un hueso afilado impregnado de colorantes naturales”.
Aunque es difícil hablar de cifras exactas, según cierta fuente, el 25% de los jóvenes estadounidenses de entre 15 y 25 años tienen un tatuaje. Sandy comenta: “Es lo que se lleva ahora”. ¿Por qué les gustan tanto los tatuajes a algunos jóvenes?
¿Por qué están de moda?
Para algunas personas, hacerse un tatuaje es un gesto muy romántico. Michelle relata: “Mi hermano tiene tatuado en el tobillo el nombre de la chica con la que salía”. ¿El problema? “Ya no están juntos.” De acuerdo con la revista Teen, “los médicos calculan que más del 30% de los casos de eliminación de tatuajes tienen que ver con muchachas que desean que les quiten el nombre de su ex novio”.
Algunos jóvenes consideran que los tatuajes son obras de arte. Otros los ven como una muestra de independencia. “Yo mando en mi vida —dice Josie—. [Tatuarme] es la única decisión importante que he tomado.” Hay quienes lo hacen por probar algo nuevo o para sentir que son ellos los que deciden en cuanto a su aspecto. Este tipo de grabados constituyen asimismo un símbolo de rebeldía o de estilos de vida alternativos, de ahí que algunos de ellos contengan palabras o dibujos obscenos o lemas provocativos.
Sin embargo, es posible que la mayoría de los jóvenes se tatúen sencillamente porque está de moda. Pero ¿indica el mero hecho de que “todo” el mundo se haga un tatuaje que tú también deberías hacértelo?
El antiguo arte del tatuaje
El tatuaje no es una práctica moderna, ni mucho menos. En Egipto y Libia se han encontrado momias con tatuajes que datan de cientos de años antes de Cristo, y lo mismo ha sucedido en Sudamérica. Muchas de las imágenes que dichas momias tienen grabadas están directamente relacionadas con la adoración de dioses paganos. El investigador Steve Gilbert señala: “El tatuaje no abstracto más antiguo que se conoce representa a Bes, que según la mitología egipcia es la lasciva deidad de la diversión”.
Es interesante notar que la Ley prohibía al pueblo de Israel hacerse tatuajes. Levítico 19:28 recoge el siguiente mandato: “No deben hacerse cortaduras en su carne por un alma difunta, y no deben ponerse marcas de tatuaje. Yo soy YHVH”.
Consideraciones exegéticas
Mientras que algunas leyes levíticas se clasifican en función de un tema, este pasaje está repleto de consejos sobre la agricultura, el ocultismo, el sábado, la justicia social, el sexo y la idolatría. El versículo 28 va precedido de la prohibición de ciertos estilos de cortarse el pelo y la barba (como todavía practican los judíos jasídicos) y seguido de la prohibición de prostituir a las hijas. La vaguedad de los versículos 27-28 (y posiblemente la obviedad del versículo 29) sugiere costumbres de las que tenemos poco conocimiento, muy probablemente las de los pueblos paganos con los que se mezclaban los israelitas. El apéndice “Yo soy el Señor” indica que se trata de fidelidad a Yahvé en un clima de deidades en rivalidad. Si un determinado estilo de peinado, por ejemplo, marcaba a alguien como adorador de una deidad pagana, los seguidores de un Dios exclusivo (“celoso” en Ex. 20:5) debían evitar esa apariencia.
Cortarse el cuerpo por los muertos podía significar una autolaceración ritual en señal de dolor, o algún tipo de marcación corporal en memoria o expiación. El significado de “marcas” (qa`aqa`) en hebreo no es concluyente; sólo aparece en este pasaje de toda la Escritura, por lo que su definición se deriva totalmente del contexto de este pasaje. Los exégetas judíos le asignaron el significado de “tatuaje”, pero no sabemos cuál era el proceso antiguo. Aunque las dos prohibiciones se encuentran en estrecha relación, “para los muertos” sigue al corte, no a la marca, por lo que no queda claro si el corte y la marca del cuerpo forman parte del mismo ritual o son prohibiciones separadas.
Se puede leer fácilmente Levítico 19:28 como una condenación de cualquier tipo de tatuaje o modificación corporal. Esto tiene a su favor la simplicidad: es mínimamente interpretativo de los deseos de Dios, ignorando el tiempo y la cultura. Podríamos especular sobre a qué se refería Dios en este pasaje, pero no necesitamos saberlo con seguridad; basta con que Dios lo haya dicho. En el mejor de los casos, este planteamiento parte de una elevada visión de la soberanía de Dios: aunque no sepamos por qué, aunque la norma parezca a nuestra limitada razón absurda o sin aplicación, debemos obedecerla.
Pero debemos añadir que los adoradores paganos, como por ejemplo los egipcios, se tatuaban los nombres o los símbolos de sus dioses en el pecho o en los brazos. Al obedecer la prohibición de YHVH respecto a los tatuajes, los israelitas se distinguían de las demás naciones (Deuteronomio 14:1, 2).
Dicho mandato da que pensar (Efesios 2:15; Colosenses 2:14, 15). Si eres creyente en el Mesías, seguro que no deseas llevar en tu cuerpo marcas relacionadas con el paganismo o la adoración falsa, aunque sea temporalmente (2 Corintios 6:15-18).
La Escritura, en particular el Antiguo Testamento, tiene muchos ejemplos de la expectativa de Elohím de que la humanidad OBEDEZCA “porque Yo lo digo”, empezando por Adán y Eva junto al árbol de la ciencia del bien y del mal (Gn. 2:17). La circuncisión, los sacrificios, el sábado: ninguno de ellos se deduce inmediatamente de la razón y la experiencia, como podría ser el asesinato o el robo. Tales verdades de prueba preguntan: “¿Eres lo suficientemente dedicado para seguir Mis mandamientos, aunque no puedas explicar la razón de ellos?”.
Debemos entender el contexto cultural
Otra firma de interpretar el pasaje es entenderlo a la luz de la cultura a la que iba dirigido. Se prohibían los tatuajes cuando se asociaban a divinidades paganas o se hacían por los muertos. Estas prácticas cultuales, ya apenas comprendidas, son milenarias. Los tatuajes, diría esta interpretación, ya no son más un asunto espiritual al igual que afeitarse la barba. La única cuestión sería el tema del tatuaje. Si un tatuaje es una marca de pertenencia (como lo era para los esclavos en algunas culturas antiguas), entonces un tatuaje que proclame tu lealtad al Mesías podría ser no sólo apropiado, sino deseable (cf. Isa. 44:5).
Adaptar las Escrituras a la cultura es necesario pero también es peligroso. Necesaria, porque sin ella tendríamos que vivir mimetizados con la cultura de la Biblia para aplicar todas sus normas y prohibiciones. Hay cientos de mandamientos en las Escrituras que difícilmente pueden adaptarse a los tiempos actuales. Un beso de saludo entre hombres (1 Tes. 5:26), por ejemplo, se esperaba en algunas culturas antiguas, pero podría ser bastante inapropiado en la nuestra.
Sin embargo, a muchos creyentes que siguen la Biblia les aterroriza el relativismo cultural. “¿Dónde está el límite?”, se preguntan. Suponemos que se podría explicar toda la Biblia diciendo que sólo era relevante para un grupo de culturas mediterráneas hace miles de años, y reducir así el Evangelio a unos pocos principios sobre el amor y la justicia.
La mayoría de las discusiones no tienen lugar en los extremos, sino en algún punto intermedio. ¿La descripción que hace Pablo de las relaciones familiares (Col. 3:18-25) pretendía ser un modelo para todos los creyentes de todos los tiempos, o estaba ilustrando principios de amor y respeto mutuo al describir la forma en que se comportaban las familias en su mundo? En la década de 1700-1800 se produjo un debate relacionado en torno a la ausencia de una prohibición bíblica clara de la esclavitud.
¿En qué bando se sitúa la prohibición de los tatuajes en el Antiguo Testamento?
Análisis de principios
Hay otra forma de abordar un tema como éste: tomar los principios bíblicos básicos y aplicarlos a los estilos de vida sobre los que la Biblia no dice nada, dice poco o no está clara. En el siglo XIX y principios del XX, algunos creyentes ya decían que el tabaco era peligroso, adictivo y poco saludable. Ninguna escritura prohíbe explícitamente inhalar el humo de las hojas quemadas a través de un tubo de papel de seda, pero los principios bíblicos de salud, sobriedad, economía, asociación y limpieza les llevaron a añadir el consumo de tabaco a la lista de prácticas que ya eran consideradas inapropiadas y que se consideraban vicios. A la larga, se demostró que tenían razón sobre el tabaco; ahora se sabe que es un peligro para la salud pública, rechazado por casi todo el mundo.
Del mismo modo, podríamos argumentar que, sea cual sea su función entre los antiguos paganos, dado que los tatuajes llaman la atención, suelen ser de carácter tenebroso y (a pesar de su mayor aceptación) siguen estando asociados a las pandillas, a la cultura de la droga y a las personas con poca motivación, son contrarios a la vida cristiana sana y que exige responsabilidad, tal y como se describe en las Escrituras. También se podría añadir que los tatuajes podrían interferir en la contratación por parte de empleadores respetables y que son caros y lleva mucho tiempo quitarlos si luego uno se arrepiente.
Si se critica la primera postura por su literalidad rígida y la segunda por su subjetividad, el punto débil de la tercera es la autoridad que deposita en la Iglesia y quita al individuo creyente. Porque, en general, es la kehilah o iglesia la que procesa, establece como norma y dicta sentencia; la que, en definitiva, establece de forma conjunta la cohesión necesaria para aplicar un texto antiguo a los tiempos modernos. Aunque consideramos que nos basamos sólo en las Escrituras y no en un magisterio eclesiástico, una parte sorprendentemente grande de nosotros ha sido bastante autoritaria en una serie de cuestiones de comportamiento que no son bíblicamente esenciales.
¿Qué es lo importante?
Lo que más nos interesa es la forma en que abordamos cuestiones como ésta.
Las reglas y normas de la Iglesia son un arma de doble filo. El poder salvador de Cristo, combinado con la expectativa comunitaria de una vida sana, elevadas normas morales, educación y rigor espiritual, han transformado vidas. Pero pregunte a cualquiera que haya abandonado una iglesia conservadora por qué lo hizo, y la respuesta habitual tendrá que ver con que las normas exigentes eclipsan la alegría del Evangelio, y las críticas tensan las relaciones entre los miembros de la iglesia. Las iglesias, con la mejor de las disposiciones, pueden caer en la trampa de controlar sus pequeñas decisiones en lugar de transformar la cultura.
De hecho, una de las principales dificultades de las iglesias conservadoras es separar lo que es importante de lo que no lo es tanto. Cuando las normas de la iglesia se discuten por primera vez, es para apoyar a los cristianos en la toma de decisiones morales y de estilo de vida. Pero con el paso de los años, la agrupación pierde flexibilidad. No le gusta replantearse decisiones pasadas, aunque las circunstancias hayan cambiado. Los contrastes entre lo importante y lo menos importante pierden consistencia. Normas de muy diversa gravedad dominan la cultura de la iglesia, oscureciendo la buena nueva que reunió a la gente en primer lugar: “que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Tim. 1:15). Algunos pueden empezar a pensar que cumplir las normas es en sí mismo una actividad salvadora. Cuando se produce un cambio, es más por revolución o abandono que por decisión razonada.
Cuando todo es igual de importante (evitar los tatuajes tiene el mismo peso que, por ejemplo, cultivar el fruto del Espíritu), entonces nada es especialmente importante, y el Evangelio se derrumba en un montón de normas que excluye a tantos de recibir la gracia salvadora, como da una falsa confianza a quienes las siguen servilmente.
Cuestiones como ésta llegarán a la iglesia. Y cuando lo hagan, requerirán no sólo un análisis previo, sino un estudio continuo, humildad y una actitud de gracia.
Considera los peligros para la salud
Antes de lanzarnos a un rotundo NO o un rotundo SI, hay que sopesar los riesgos para tu salud. El doctor Robert Tomsick, profesor adjunto de Dermatología, comenta: “Lo que se hace es romper la piel para introducir pigmento. Aunque la aguja solo penetra un poco, siempre que se punza la piel existe el peligro de infección viral o bacteriana. Creo que [hacerse un tatuaje] es por lo general arriesgado”. Y añade: “Una vez introducido el pigmento, aunque no se ocasione una infección, puede producirse una dermatitis, alergias de contacto u otras reacciones que ocasionen enrojecimiento, hinchazón, costras y picazón”.
Aunque se supone que los tatuajes sean permanentes, existen métodos que tratan de quitarlos: eliminación por láser (proceso de quemado), extracción quirúrgica, dermoabrasión (se lija la piel con un cepillo de alambre hasta eliminar la epidermis y la dermis manchadas), abrasión salina (se empapa la piel con una solución salina) y escarificación (se elimina creando una cicatriz mediante un ácido). Estos métodos son caros y pueden resultar dolorosos. “Duele más quitarse un tatuaje con láser que hacérselo”, dice la revista Teen.
¿Qué pensarán los demás?
Debes pensar detenidamente en cómo afectará a otros el que te tatúes, ya que muchas personas no lo ven con buenos ojos (1 Corintios 10:29-33). A una joven de Taiwan llamada Li se le antojó hacerse un tatuaje cuando contaba 16 años. En la actualidad tiene 21 y trabaja de oficinista. “Me molesta cómo mis compañeros se quedan mirando el tatuaje”, admite. Un especialista en salud mental de Gran Bretaña, Theodore Dalrymple, dice que, para muchas personas, los tatuajes “son a menudo la muestra visible de que un hombre [...] pertenece a una subcultura violenta, cruel y antisocial al margen de la ley”.
Un artículo en la revista American Demographics observó: “Está claro que la mayoría de los norteamericanos consideran arriesgado decorarse partes del cuerpo que estén a la vista. El 85% [de los jóvenes] concuerdan con la afirmación de que ‘quienes tienen tatuajes a la vista [...] deben tener presente que esta forma de expresión probablemente suponga un obstáculo en su carrera profesional o en sus relaciones personales’”.
También debes considerar si el hecho de tatuarte perjudicará o no tu reputación cristiana. ¿Pudiera dar a otras personas causa “para tropiezo”? (2 Corintios 6:3.) Es cierto que algunos jóvenes se han tatuado en zonas escondidas del cuerpo y quizá ni sus padres estén al tanto de ello. Pero ten esto presente: acudir de urgencia al médico o darte una ducha en la escuela puede hacer que todo el mundo se entere de tu secreto. Es mejor que te “comportes honradamente en todo” y no trates de engañar a nadie tontamente (Hebreos 13:18).
Como todas las modas, es posible que los tatuajes pierdan su atractivo con el tiempo. Piensa en esto: si tuvieras una prenda que te gusta mucho —tal vez unos pantalones vaqueros, una camisa, un vestido o unos zapatos—, ¿te comprometerías por ello a llevarla toda la vida? Claro que no. Los estilos, cortes y colores cambian. Sin embargo, a diferencia de una prenda de vestir, los tatuajes son muy difíciles de quitar. Además, lo que parece “alucinante” a los 16 años pudiera perder todo su encanto a los 30.
Muchas personas han lamentado haber alterado su aspecto de modo permanente. “Antes de conocer a YHVH me hice un tatuaje —relata Amy—. Siempre trato de taparlo, pero si alguien de la iglesia por casualidad lo ve, me siento muy avergonzada.” ¿La moraleja? Piénsatelo dos veces antes de tatuarte. No tomes una decisión de la que más tarde tengas que arrepentirte.
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